Tuesday, July 21, 2026

Retroflexiones: Gálatas – Las últimas amonestados de Pablo

 

Gálatas 6:1-10

¿Recuerdas haber salido de casa por primera vez? Cuando lo hacíamos, la mayoría recibíamos todos los consejos que mamá, papá o alguien podía darnos.

"No te quedes fuera hasta muy tarde." "Asegúrate de comer tus verduras." "Lleva siempre ropa interior limpia (por si estas en un choque en la autopista)."

Seguro que podrías añadirlo a esta lista. Hoy Pablo da sus últimas palabras a la iglesia en Galata, sus últimas palabras a sus hijos en la fe, palabras finales para guiarles en la vida de fe día a día, en la comunidad y en el mundo.

La vida interior – comienza Pablo — desde dentro. Dentro de la familia de la fe, dentro de nosotros mismos:

“… si otro creyente está dominado por algún pecado, ustedes, que son espirituales, deberían ayudarlo a volver al camino recto con ternura y humildad." (v.1)

El pecado se entiende primero como las acciones y las actitudes en nuestras vidas contrarias a la voluntad, a la Palabra de Dios, y el resultado es una relación rota entre nosotros y Dios y/o entre nosotros y los demás. El pecado separa. Aquí, en la lectura actual, Pablo usa la palabra griega paraptomati—la idea de caer sin querer en el pecado o la separación. Cuando uno de nosotros parece estar resbalando, debemos restaurar suavemente a la persona, guiar a quien se está escapando de nuevo al camino de Dios.

Este pasaje también nos recuerda que tú y yo podríamos ser los que se están deslizando. Tú o yo podemos ser precisamente los que, sin querer, se apartan del camino de la vida. Aunque podamos ser rápidos en detectar a otros, debemos checar a nosotros mismos: ¿estamos siguiendo el camino? Aunque nos checamos, Pablo nos dice que también debemos estar abiertos a que nuestra familia de iglesia nos ayude. La familia de la iglesia debe revisarnos con cuidado... con bondad y amor... Con palabras amables y amorosas que nos devuelvan al camino de la fe.

La vida exterior – Pablo también nos señala la vida fuera de nosotros mismos, fuera de la congregación.

No se dejen engañar: nadie puede burlarse de la justicia de Dios. Siempre se cosecha lo que se siembra. Los que viven solo para satisfacer los deseos de su propia naturaleza pecaminosa cosecharán, de esa naturaleza, destrucción y muerte; pero los que viven para agradar al Espíritu, del Espíritu, cosecharán vida eterna…por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe. (v.7-10)

No podemos evitar las consecuencias de nuestras propios pensamientos y comportamientos: " Siempre se cosecha lo que se siembra." Si sembramos nuestras vidas con odio y miedo, si sembramos nuestras vidas con venganza y competencia, obtendremos lo que sembramos: una cosecha de “destrucción y muerte". ¿Es esta la cosecha que quieres?

¿O queremos la cosecha de la “vida eterna"? Para una cosecha de vida, vida plena y duradera, debemos sembrar semillas de bondad. Wesley repite esta advertencia a las personas llamadas metodistas:

"Haz todo el bien que puedas,
  por todos los medios que puedas,
  de todas las formas que puedas,
  en todos los lugares que puedas,
  en todos los momentos que puedas,
  a toda la gente que puedas,
  mientras puedas."

Eso abarca todos los aspectos de la vida—todo lo bueno que puedas, de todas las formas posibles, en todas partes y en todo momento, para todos, siempre. Luego, Pablo añade esas últimas palabras: "... especialmente para quienes pertenecen a la familia de la fe."

¿De qué va eso? Al menos dos cosas: 1) el mundo nos está observando—la Iglesia, los cristianos—y una de las cosas más dañinas para nuestro testimonio es cuando tratamos mal a nuestros hermanos y hermanas, cuando no hacemos el bien unos a otros. 2) Entonces, Pablo sabe que, en la reunión del pueblo de Dios, la familia de la fe, es nuestro campo de prueba. Esta aquí cuando y donde realmente practicamos la vida de la fe. Pablo nos llama correctamente a empezar aquí y ahora, en las cosas pequeñas y cotidianas. Los grandes y lejanos también son dignos de bondad, pero si no podemos ser buenos los unos con los otros aquí en la casa de Dios, en la familia de la fe, ¿no falta algo?

Conclusiones – El mensaje de Pablo para nosotros hoy: "Cuídense los unos de los otros. Vuelven el uno al otro al camino con suavidad. Compartan juntos la carga de la vida. Recuerden: cosechas lo que siembras. Por eso, siembra bondad—en todas partes, de todas las formas, todo el tiempo, toda tu vida. Empieza hoy, justo donde estás."

Buenas palabras de amonestación para nosotros y para siempre. Amén

Domingo, 19 de julio de 2026
Gálatas – Las últimas advertencias de Paul.
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AfterWords: Galatians – Paul’s Final Admonitions

 

Galatians 6:1-10

Do you recall leaving home for the first time? Whenever we did, most of us got all of the advice Mom or Dad or someone could pour into us.

“Don’t stay out too late.” “Be sure to eat your veggies.” “Always wear clean underwear (in case you’re in an accident).”

I’m sure you could add to this list. Paul today gives his final words to the church in Galatia, his final words to his children in the faith, final words to guide them in living the life of faith from day to day, in the community and in the world.

The Inward Life – Paul begins begins—within. Within the family of faith, within ourselves:

“…if another believer is overcome by some sin, you who are godly should gently and humbly help that person back onto the right path.” (v.1)

Sin is understood first as action and attitudes in our lives contrary to the will and Word of God, and the result is a broken relationship between us and God and/or between us and others. Sin separates. Here in today’s reading, “sin” is the Greek word is paraptomati—the idea of unintentionally lapsing into sin or separation. When one of us seems to be slipping, we are to gently restore the person, to guide the one slipping away back into the way of God.

This passage also reminds us that you and I may be the one slipping. You or I may be the very one who unintentionally gets off the path of life. Even as we may be quick to spot others, we need to check ourselves—are we staying on the path? While we may check ourselves, Paul tells us we also need to be open to our church family helping us. The church family must check us gently…with kindness and love…with kind and loving words to bring us back to the walk of faith.

The Outward Life – Paul also points us to the life outside of ourselves, outside of the congregation.

Don’t be misled—you cannot mock the justice of God. You will always harvest what you plant.  Those who live only to satisfy their own sinful nature will harvest decay and death from that sinful nature. But those who live to please the Spirit will harvest everlasting life from the Spirit…whenever we have the opportunity, we should do good to everyone—especially to those in the family of faith. (v.7-10)

We cannot avoid the consequences of our own thoughts and behaviours: “You will always harvest what you plant.” If we sow our lives with hatred and fear, if we sow our lives with vengeance and one-up-manship, we will get what we sow:  a “harvest of decay and death.” Is this the harvest you want?

Or, do we want the “harvest of everlasting life,” the “harvest of blessing”? For a harvest of life, life to the full, lasting life, we must sow seeds of goodness. Wesley echoes this is his admonition to the people called Methodists:

“Do all the good you can,
 By all the means you can,
 In all the ways you can,
 In all the places you can,
 At all the times you can,
 To all the people you can,
 As long as ever you can.”

That covers every aspect of life—all the good you can, in every way you can, everywhere and all the time, to everyone, always. Then, Paul adds those final words: “…especially to those in the family of faith.”

What is that about? At least two things: 1) the world is watching us—the Church, Christians—and one of the most damaging things to our witness is when we treat our brothers and sisters badly, when we fail to do good to one another. 2) Then, Paul knows that the gathering of God’s people, the family of faith, we find our proving ground. This is when and where we really practice the living of faith. Paul correctly calls us to begin right here, right now, in the small and everyday things. The big and distant are also worthy of goodness, but if we can’t be good to one another here in the house of God, in the family of faith, isn’t something missing?

Conclusions – Paul’s message for us today: “Watch out for each other. Bring each other back to the path gently. Share the load of life together. Remember: You reap what you sow. Therefore, sow goodness—everywhere, in every way, all the time, all of your life. Start today, right where you are.”

Good words of admonition for us and for always. Amen

Sunday, July 19, 2026
Galatians – Paul’s Final Admonitions
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Monday, July 13, 2026

Retroflexiones: Gálatas – La visión de Pablo sobre "Vida en el Espíritu"

 

Gálatas 5:16-25

"Anden por el Espíritu... Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu." El sentido del griego aquí es que caminamos al paso del Espíritu, que seguimos el «ritmo» del Espíritu. Esto me recuerda al baile—no a lo que he experimentado. Mi esposa les dirá honestamente que bailar no es uno de mis grandes pasatiempos ni habilidades. Pero voy a intentar de hablar un poquito sobre el baile. Después de todo, he visto muchos bailes. Jaja.

Ahora bien, hay formas muy diferentes de baile: muchas son bailes en solitario, o bailes en dos sin tocarse. También hay los bailes que requieren que la pareja se una de las manos a un lado y la otra se coloque detrás de la espalda. Después de ver El Gran Vals (1972) de niño, insistí en que mi madre me enseñara a bailar vals. Aprendí a seguir el ritmo escuchando el ritmo de la música... manteniendo la vista en ella. Y si no hacemos esas cosas, todo se desmorona.

La vida del “yo”—Pablo escribe sobre dos formas principales de vivir (o 'bailar', por así decirlo). La primera lista de descriptores revela un tema general: Bailar la vida al ritmo tuyo, a tu propia melodía y al aparente—aparente—beneficio de ti mismo. El sexo del que Pablo escribe no es más que auto-gratificación (sin pensar en la otra persona). La idolatría es una religión transaccional—voy a adorar al dios para ganar lo que puedo. La brujería—del griego es farmakia—como la palabra indica, tiene todo que ver con las drogas...ya sea drogas mortales usadas para matar a su enemigo o drogas alucinógenas que permitían emprender un viaje espiritual para atacar el espíritu de un enemigo. (Sí, sigo siendo todo para sí mismo.) Y luego todo lo demás: odio, discordia, celos, arrebatos de ira,..."y cosas semejantes." Todas cosas que surgen del interés propio y alimentan el interés propio. Cuánto ha cambiado el mundo en 2000 años. Qué poco ha cambiado la naturaleza humana.

Pablo termina esta sección con una advertencia justa: "los que viven así no heredarán el reino de Dios." Este "baile", esta forma de vida, nos encuentra sacudiéndonos y pisoteando el suelo... a solas. No hay gracia en el movimiento. Acabamos desmayados hechos un desastre. Cuando vivimos para el "yo", morimos solo, aislado. Este baile es solitario.

La vida del espíritu—Pablo entonces sugiere una vida diferente... la vida en el Espíritu, con el Espíritu. Los descriptores de Pablo aquí son todos palabras relacionales. El amor—por definición, requiere al menos dos seres comprometidos, dos que desean lo mejor el uno para el otro. La alegría en el Nuevo Testamento proviene de nuestra conexión con Dios. Paz—existe entre dos o más entidades que podrían estar enfrentadas. La paciencia (paciencia)—de nuevo, hacen falta dos. Amabilidad—algo que mostramos hacia los demás. Todos estos tienen que ver con la relación. Y este es el camino, el ritmo, la danza del Espíritu.

A menudo he querido usar esta lista como medida de otros. Pero en realidad es un espejo, una forma de comprobar cómo permitimos que el Espíritu de Dios moldee nuestras vidas. Entonces, ¿cómo nos va en esta danza de la vida? ¿Estamos manteniendo la mirada puesta en Dios? ¿Estamos en sintonía con el Espíritu de Dios? Escuchemos de nuevo estos patrones de vida: amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. ¿Cómo vamos? ¿Vivimos por el Espíritu? ¿Estamos en sintonía con el Espíritu?

Conclusiones—Tomamos la mano ofrecida del Espíritu de Dios, manteniendo la mirada fija. Escuchemos el ritmo de la vida espiritual, la música espiritual que encontramos en la Palabra de Dios. Déjanos nuestro egoísmo. Permite que Dios tome tu vida y haga algo hermoso. Esto no quiere decir que todos vayamos a hacer exactamente el mismo baile: algunos pueden bailar vals, otros salsa, otros ballet, otros hacer el West Coast Swing. Pero esto quiere decir que todos bailaremos con el mismo maestro compañero...siguiendo los pasos de la gracia, viviendo vidas llenas de paz y confianza, bailando ante los demás algo hermoso que ver que les haga querer unirse también al baile divino de la vida.

Vive por el Espíritu... bajo el Espíritu... mantente el ritmo con el Espíritu – la advertencia de Pablo; el llamado de Dios para nuestras vidas hoy. Amén.

Domingo, 12 de julio de 2026
Gálatas – La visión de Pablo sobre "Vida en el Espíritu"
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AfterWords: Galatians – Paul’s Take on “Spirit-Life

 


Galatians 5:16-25

“Walk by the Spirit…live by the Spirit…keep in step with the Spirit.”

“Keep in step….” This reminds me of dancing—not what I have experienced, mind you. My wife will quickly tell you that dancing is not one of my great pass-times or skills. But, I’ll this a go and y’all can tell me later if I got it right…or not.

Now, there are very different forms of dancing—a lot is solo dancing today, or two dancing without touching. But, there are dances that require the couple join hands on one side, the other hand placed behind the back. After seeing The Great Waltz (1972) as a child, I insisted my mom teach me how to waltz. I learned to keep in step by listening to the beat of the music…keeping my eyes on the one before me. If we don’t do those things, it all falls apart.

The Life of Self—Paul writes about two primary ways of living (or ‘dancing’, if you will). The first list of descriptors reveals an over-arching theme: Dancing this life to your own beat, to your own tune, and to the seeming—seeming—benefit of yourself. The sex Paul writes about is nothing more than self-gratification (no thought of the other). Idolatry is a transactional religion—I’ll worship this god so I can get my way. Witchcraft—from the Greek word is farmakia—as the word suggests, has everything to do with drugs…either deadly drugs used to kill your enemy or hallucinogenic drugs that allowed one to take a spirit journey to attack the spirit of an enemy. (Yes, still all for self.) And then all the rest—hatred, discord, jealousy, fits of rage,… “and the like.” All things that grow out of self-interest and feed self-interest. How much the world has changed in 2000 years. How little human nature has changed.

Paul ends this section with a fair warning: “those who live like this will not inherit the kingdom of God.” This “dance,” this way of life, finds us jerking and stomping across the floor…alone. No grace in the movement. We end up passed out in a heap, a mess. When we live for “self,” we die by ourselves. This is a lonely dance.

The Life of the Spirit—Paul then suggests a different life…life in the Spirit, with the Spirit. Paul’s descriptors here are all relational words. Love—by definition necessitates at least two beings committed, two wanting the best for each other. Joy in the New Testament grows out of our connection to God. Peace—something between two of more entities that could be at odds. Forbearance (patience)—again, takes two. Kindness—something we show towards others. All of these are about relationship. And this is the way, the rhythm, the dance of the Spirit.

I have often wanted to use this list as a measure of others. But really it’s a mirror, a way to check how we’re allowing God’s Spirit to shape our lives. Let us measure ourselves—how are we doing in this dance of life? Are we keeping our eyes on God? Are we in step with the Spirit of God? Let’s hear these patterns of Spirit-life again: Love, joy, peace, patience, kindness, goodness, faithfulness, gentleness, self-control. How are we doing? Are living by the Spirit? Are we in step with the Spirit?

Conclusions—Let us embrace the Spirit of God, keeping our eyes focused. Let us listen to the rhythm of the Spirit-life, the Spirit-music that we find in God’s Word. Let us let go of our self…and our selfishness. Allow God to take your life and do something beautiful. This is not to say that we’ll all be doing the exact same dance—some may waltz, some may salsa, some may ballet, some may do the West Coast Swing. But this is to say that we will all be dancing with the same master partner…following the steps of grace, living lives of peace-filled trust, dancing before others something beautiful to watch that makes them want to join the divine dance of life as well.

“Walk by the Spirit…live by the Spirit…keep in step with the Spirit” – Paul’s admonition; God’s call for our lives today. Amen.

 Sunday, July 12, 2026
Galatians – Paul’s Take on the “Spirit Life”
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Wednesday, July 8, 2026

AfterWords: Galatians—Paul Takes On Divisions

 

Galatians 3:26-4:11

Children of God—In our reading this morning, Paul declares, “You are all God’s children through faith in Christ Jesus. All of you who were baptized into Christ have clothed yourselves with Christ.” (Gal. 3:26-27). Through faith, through the rite baptism, we become children of God…grown, fully responsible, sons and daughters of God. Before that, “…we were minors, we were also enslaved by this world’s system” (Gal. 4:3).

Back to Slavery—Now, what would happen if after being freed from slavery or welcomed into the family, we decided to go to abandon the family or decided to be slaves again? Wouldn’t people, our family, God, think we were a little whacked? This is exactly what Paul is seeing and dealing with as he writes this letter to the Galatian church. They are trading in their freedom for legalism; they are forfeiting their new relationship as children of God for slavery to “the world’s systems”…or to old religious systems.

When we become Christians, we have experienced grace, so we become a gracious people. We experience forgiveness, so we become a forgiving people. We hear and learn the teachings of Jesus, so we become a “Jesus people.” The world’s systems? You get grace when you prove to me you deserve it…or pay for it. I may say I forgive you and then hold it over you…until I can get even. And it’s an eye-for-an-eye world. It’s a get all you can world. The world’s systems—as we see in the news daily—are about greed, violence, power, wealth, ego…and everything against godly justice.

Even so, when the going gets tough at times, when we face hard decisions, when we find ourselves out of our comfort zone, we do what humans tend to do—we seek what we know, what is easy and comfortable. When we run into conflict at work or in the family, we conveniently forget all we know from Jesus and go back to the way of the world—we fight fire with fire, harsh words with harsh words, anger with anger. When things look uncertain, rather than trust and live by faith, we wrap our arms tightly around our bank accounts and all of the other things we used to trust…and we become greedy again, certain that our money and our things will take care of us. When we face a changing culture around us, when our knowledge and experience are challenged by new ideas, rather that trust in God’s expansive grace, we lock-down on legalism and biblical literalism—a place that may feel safe in the face of new ideas. (We need to strive to read broadly and deeply like Jesus rather than as surface literalists.)

Jesus Tells a Story…that touches on this same theme—renouncing our family or trading in responsibility for slavery. You may recognize this story:

Jesus said, “A certain man had two sons. The younger son said to his father, ‘Father, give me my share of the inheritance.’ Then the father divided his estate between them. Soon afterward, the younger son gathered everything together and took a trip to a land far away. There, he wasted his wealth through extravagant living. When he had used up his resources, a severe food shortage arose in that country and he began to be in need. He hired himself out to one of the citizens of that country, who sent him into his fields to feed pigs. He longed to eat his fill from what the pigs ate, but no one gave him anything” (Luke 15:11-16).

This son traded in his place in the family for slavery. And, perhaps there are times, maybe even now in your life, when we—followers of Jesus, children of God—have done the same thing. We became scared of the unknown. We became worried by the rapid change of the world around us. We became uncomfortable with new ideas and new ways of being. And we did what humans have done all too often—we ran back to the comfort, the predictability, and the seeming security of the world’s systems—the old way of doing things, the old way of seeing the world.

The son thought he was running away to a better life. Maybe some hearing this message today thought that the “rule of faith” was too constraining, too tight…and just needed their freedom. So, they ran away from God—if not physically, at least in their hearts and minds. Others, we know, physically run away…from God, from the Church, from the family of God.

Good News! – Whether we run back to the slavery of the world’s systems or whether we run away from God, that does not have to be the end of the story. Let’s hear the end of the story, shall we?

“When he came to his senses, he said, ‘How many of my father’s hired hands have more than enough food, but I’m starving to death! I will get up and go to my father, and say to him, “Father, I have sinned against heaven and against you. I no longer deserve to be called your son. Take me on as one of your hired hands.”’ So he got up and went to his father. While he was still a long way off, his father saw him and was moved with compassion. His father ran to him, hugged him, and kissed him. Then the son said, ‘Father, I have sinned….’ But the father said to his servants, ‘Quickly, bring out the best robe and put it on him! Put a ring on his finger and sandals on his feet! Fetch the fattened calf and slaughter it. We must celebrate with feasting because this son of mine was dead and has come back to life! He was lost and is found!’ And they began to celebrate… (Luke 15:17-24).

That is how God is. Waiting for us to welcome us—not scold us (that’s the world’s system). Waiting for us to bring us back into the family—not issuing an ultimatum (that’s the world’s system). Waiting to enfold us in grace and mercy and love—not because we deserve it (that’s a world system standard). Paul urges the Galatians to “come home” to their faith and trust in God. Jesus calls us home, reminds us that God is waiting, hoping, looking for us to come home…ready to welcome us home. Are you ready to come home? Are you ready to live in the freedom of God’s grace and love again?

Sunday, July 5, 2026
Galatians – Paul Takes On Division
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RetroFlexiones: Gálatas—Pablo se enfrenta a las divisiones

 

Gálatas 3:26-4:11

Hijos de Dios—En nuestra lectura de esta mañana, Pablo declara: "pues por la fe en Cristo Jesús todos ustedes son hijos de Dios, ya que al unirse a Cristo en el bautismo, han quedado revestidos de Cristo." (Gál. 3:26-27). Por la fe, por el bautismo de rito, nos convertimos en hijos de Dios... hijos e hijas de Dios adultos, plenamente responsables. Antes de eso, "... éramos menores de edad, estábamos sometidos a los poderes que dominan este mundo." (Gal. 4:3).

Volviendo a la esclavitud—Ahora, ¿qué pasaría si, tras ser liberados de la esclavitud o ser bienvenidos a la familia, decidiéramos abandonar nuestra familia o volver a ser esclavos? ¿No pensaría la gente, nuestra familia, Dios, que estábamos un poco locos? Esto es exactamente lo que Pablo está viendo y enfrentando mientras escribe esta carta a la iglesia gálata. Están cambiando su libertad por legalismo; están renunciando a su nueva relación como hijos de Dios por esclavitud a "los sistemas del mundo "... o a antiguos sistemas religiosos.

Cuando nos convertimos en cristianos, hemos experimentado la gracia, así que nos convertimos en un pueblo bondadoso. Experimentamos el perdón, así que nos convertimos en un pueblo que perdona. Escuchamos y aprendemos las enseñanzas de Jesús, así que nos convertimos en un "pueblo de Jesús". ¿Los sistemas del mundo? Obtienes gracia cuando me demuestras que te la mereces... O pagarla. Puedo decir que te perdono y luego te lo reprocho... hasta que pueda vengarme. Y es un mundo de ojos por ojos. Es un mundo de darlo todo. Los sistemas del mundo—como vemos en las noticias a diario—se tratan de la codicia, la violencia, el poder, la riqueza, el ego... y todo lo contrario a la justicia divina.

Aun así, cuando las cosas se ponen difíciles a veces, cuando nos enfrentamos a decisiones difíciles, cuando nos encontramos fuera de nuestra zona de confort, hacemos lo que los humanos suelen hacer: buscamos lo que conocemos, lo que es fácil y cómodo. Cuando nos encontramos con conflictos en el trabajo o en la familia, convenientemente olvidamos todo lo que sabemos de Jesús y volvemos al camino del mundo: combatimos fuego con fuego, palabras duras con palabras duras, ira con ira. Cuando las cosas parecen inciertas, en lugar de confiar y vivir por fe, nos abrazamos con fuerza a nuestras cuentas bancarias y a todas esas otras cosas en las que antes confiábamos... Y volvemos a ser codiciosos, seguros de que nuestro dinero y nuestras cosas nos cuidarán. Cuando nos enfrentamos a una cultura cambiante a nuestro alrededor, cuando nuestro conocimiento y experiencia se ven desafiados por nuevas ideas, en lugar de la confianza en la gracia expansiva de Dios, nos confinamos con el legalismo y el literalismo bíblico. (Debemos esforzarnos por leer de manera amplia y profunda como Jesús, en lugar de ser literalistas superficiales.)

Jesús cuenta una historia...Que toca este mismo tema: renunciar a nuestra familia o comerciar con la responsabilidad de la esclavitud. Puede que reconozcas esta historia:

Jesús contó esto también: «Un hombre tenía dos hijos, y el más joven le dijo a su padre: “Padre, dame la parte de la herencia que me toca.” Entonces el padre repartió los bienes entre ellos. Pocos días después el hijo menor vendió su parte de la propiedad, y con ese dinero se fue lejos, a otro país, donde todo lo derrochó llevando una vida desenfrenada. Pero cuando ya se lo había gastado todo, hubo una gran escasez de comida en aquel país, y él comenzó a pasar hambre. Fue a pedir trabajo a un hombre del lugar, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Y tenía ganas de llenarse con las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie se las daba.» (Lucas 15:11-16).

Este hijo cambió su lugar en la familia por esclavitud. Y quizá haya momentos, quizá incluso ahora en tu vida, en los que nosotros—seguidores de Jesús, hijos de Dios—hemos hecho lo mismo. Nos asustamos de lo desconocido. Nos preocupamos por el rápido cambio del mundo que nos rodeaba. Nos sentimos incómodos con nuevas ideas y nuevas formas de ser. Y hicimos lo que los humanos hemos hecho demasiadas veces: volvimos a la comodidad, la previsibilidad y la aparente seguridad de los sistemas del mundo—la antigua forma de hacer las cosas, la antigua forma de ver el mundo.

El hijo pensaba que huía hacia una vida mejor. Quizá algunos, al escuchar este mensaje hoy, pensó que la "regla de la fe" era demasiado restrictiva, demasiado estricta... y solo necesitaban su libertad. Así que huyeron de Dios—si no físicamente, al menos en su corazón y mente. Otras, sabemos, huyen físicamente... de Dios, de la Iglesia, de la familia de Dios.

¡Buenas noticias! – Ya sea que volvamos a la esclavitud de los sistemas del mundo o que huyamos de Dios, eso no tiene por qué ser el final de la historia. Vamos a oír el final de la historia, ¿vale?

Al fin se puso a pensar: “¡Cuántos trabajadores en la casa de mi padre tienen comida de sobra, mientras yo aquí me muero de hambre! Regresaré a casa de mi padre, y le diré: Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo; trátame como a uno de tus trabajadores.” Así que se puso en camino y regresó a la casa de su padre.

Cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y sintió compasión de él. Corrió a su encuentro, y lo recibió con abrazos y besos. El hijo le dijo: “Padre mío, he pecado contra Dios y contra ti; ya no merezco llamarme tu hijo.” Pero el padre ordenó a sus criados: “Saquen pronto la mejor ropa y vístanlo; pónganle también un anillo en el dedo y sandalias en los pies. Traigan el becerro más gordo y mátenlo. ¡Vamos a celebrar esto con un banquete! Porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a vivir; se había perdido y lo hemos encontrado.” Comenzaron la fiesta.... (Lucas 15:17-24).

Así es Dios. Esperando a que nos recibamos —no a regañarnos (ese es el sistema del mundo). Esperando a que nos integremos de nuevo en la familia, no a dar un ultimátum (ese es el sistema del mundo). Esperando envolvernos en gracia, misericordia y amor—no porque lo merezcamos (eso es un estándar mundial del sistema). Pablo insta a los gálatas a "volver a casa" a su fe y a su confianza en Dios. Jesús nos llama a casa, nos recuerda que Dios está esperando, esperando, esperando que volvamos a casa... Listos para darnos la bienvenida a casa. ¿Estás listo para volver a casa? ¿Estás preparado para vivir de nuevo en la libertad de la gracia y el amor de Dios?

Domingo, 5 de julio de 2026
Gálatas – Paul se enfrenta División
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Monday, June 29, 2026

Una carta a los Gálatas: Pablo se enfrenta a la ley

 

Gálatas 3:23-29

Pablo intenta desesperadamente a guiar a estos Galos... o los Gálatas... en la dirección correcta. Algunos se han unido al grupo sugiriendo que pueden hacer algo para hacerse más aceptables ante Dios, más amados por Dios. Pero el evangelio es simple y claro: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único..." (Juan 3:16). Dios es quien puede hacer algo por nosotros; Dios es quien nos hace aceptables... y Dios ya nos ama—nos ama “tanto”.

También llegaron divisiones en Gálatas: "Soy judío y tú eres griego (¡o galo!)." "Los hombres tienen el lugar más importante..." "¡Es una esclava—no puede liderar ese grupo pequeño!" Dios anhela ver todas las divisiones desaparecidas. Pablo lo declara: «Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.»

Mi niñez — Cuando crecía en el país de Guyana, Sudamérica, vivíamos a las afueras de la capital, Georgetown, en Oleander Gardens. Mis amigos eran Jonathan de Inglaterra, Richard de Barbados, Simone de Holanda, Gavin de Inglaterra, Savate de Guyana (de ascendencia india), y David de Canadá. Estos eran los niños con los que jugaba—estos eran mis mejores amigos:

     

Éramos mayormente chicos, pero Simone y su hermana pequeña, Rosie, solían estar allí con nosotros. Jugábamos a juegos de aventura nacidos de nuestra imaginación. Corríamos juntos, jugábamos juntos, tomábamos té juntos (¡antigua colonia británica!). En días lluviosos, nos juntábamos y jugábamos con los juguetes que había por ahí—normalmente algunos carritos Corgi (¡yo todavía tengo los míos!). Parece que aguantamos el colegio para poder volver a casa a jugar.

Aquí hay otra cosa que recuerdo: nunca nos fijamos ni hablamos de nuestros países de origen, nunca comparamos quién era mejor o peor, ni comentamos el color de nuestra piel—Jonathan era blanco como la leche, Richard era negro como la medianoche, y el resto de nosotros un matiz intermedio. Nunca excluimos a Simone y Rosa porque eran chicas. Nunca tuvimos en cuenta las cosas que pudieron habernos dividido porque nadie nos había enseñado aún a comparar, contrastar, segregar y odiar, todo basándonos en algo sobre lo que ninguno de nosotros tenía control de ninguna manera.

¿Quién tiene el control sobre el color de su piel? ¿Quién elige nacer de una nacionalidad u otra? ¿Qué niño puede elegir si es niño o niña? Nos las entregan. Y de niños, estas cosas nunca nos separan, nunca nos dividen. Aprendemos el sexismo, aprendemos el racismo, aprendemos el nacionalismo de padres u otros adultos que admiramos, de la cultura que nos rodea, pero no nacemos sexistas, racistas ni nacionalistas. Aprendemos estos, y podemos desaprenderlos.

Un vistazo del Reino de los Cielos – En Mateo 18, Jesús enseña a sus discípulos:


[Jesús] llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo:

—Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. (Mateo 18:2-3)

La niñez—cuando la familia y la cultura aún no han levantado los muros de división y segregación en nuestras vidas.

Pablo repite esta misma idea en su carta a los gálatas. ¿Le has oído?

 Todos ustedes son hijos (niños) de Dios mediante la fe en Cristo Jesús.... (Gál. 3:26)

A lo que Pablo llama a los gálatas, a lo que Jesús nos llama como iglesia, como pueblo de Dios, es vivir de esa manera en la que "no hay judío ni gentil, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús."

Si Pablo escribiera esta carta a la iglesia en Norteamérica hoy, podría continuar:

"... ni republicano ni demócrata, ni rico ni pobre, ni latino ni gringo, ni blanco ni negro, ni metodista ni luterano, ni heterosexual ni gay, ni banquero ni barista, ni yanqui ni sureño, ni joven ni viejo... ni ningunas otras palabras que nos divida, que menosprecie, que nos separe unos de otros... porque todos somos uno en Cristo Jesús".

Somos la Iglesia—la reunión del pueblo de Dios—un vistazo al Reino, al Reino de Dios, un pueblo que es "uno en Cristo Jesús", "hijos de Dios" que viven en unidad de propósito, unidad de misión... Un pueblo—cada uno de nosotros—perdonado por nuestros pecados y recibido con el don de una vida nueva y duradera. Y nada de esto es por nuestros esfuerzos, nada de esto viene de nuestro propio merecido... y todo es nuestro por la gracia amorosa de nuestro asombroso Dios. Abracemos esta segunda niñez que Dios nos ofrece con amor y generosidad y dejemos atrás las divisiones. Seamos este pueblo para un mundo que tanto necesita esto. Seamos esto para nosotros—para que podamos vivir en la libertad que Dios anhele que tengamos.

Domingo, 28 de junio de 2026
Gálatas – Paul se enfrenta la ley
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