Friday, November 25, 2011

Iglesia Sencilla

Amo la palabra ‘sencilla.’ Me gusta el ‘ssen’ en el principio de la palabra…es un sonido suave. También, me gusta el ‘cill’ en el medio…y el ‘llaaa’ en el final. La palabra es suave y todos sus partes son suaves. Me imagino que ya puedes ver que soy filólogo por su definición muy literal—un amante de palabras. Amo las palabras…y, más precisamente, tanto disfruto examinar el efecto y el poder de las palabras…cualquier palabras, todas palabras. Para mí, ‘sencilla’ es una palabra de poder, no solamente capaz de formar imagines suaves en nuestras mentes sino capaz de bajar el ritmo de nuestros corazones, aun bajar la presión de la sangre. Sí, esta es una palabra buena…y no debemos usarlo ligeramente
Bueno, debemos continuar hacía la idea de la ‘iglesia sencilla’ entonces. Para muchos, hay una desconexión entre estas dos palabras…no pertenecen en la misma frase. ¿Por qué? Porque para muchos la iglesia es todo menos ‘sencilla.’ La iglesia significa levantarse demasiado temprano durante el fin de semana y luchar con los hijos para sacarlos de sus camas…para vestirlos en ropa no tan cómoda…que la familia puede ir a un lugar donde todos tienen que poner una ‘cara feliz’…para interactuar con otra gente que ya han puesto sus caras felices…y después para sentarse juntos (o estar en pie demasiado largo mientras aplaudiendo hasta se duele las manos!) todos en un salón grande…cantando canciones casi no conocido…y después escuchar (o NO escuchar!) a un sermón que le llama dar más y hacer más y ser más…y ya está exhausto y no sabe cómo puede dar, hacer ni ser más…y su único pensamiento es, “¿Cuándo va a llegar la despedida?”…y el próximo pensamiento es, “¿Dónde vamos a comer…y cuánta costaría…y quién vamos a ver allá?” Pues, ahora puede ver porque algunos no pueden soportar las palabras ‘iglesia’ y ‘sencilla’ en la misma frase!
Sin embargo, para mí, esta frase es lleno de esperanza! Como anhelo la realidad de la iglesia sencilla. Primeramente, creo que necesitamos encontrar otra palabra o necesitamos re-programar nuestras mentes para oír y entender la palabra 'iglesia' como fue usado en el primer siglo. Hoy en día, asociamos la palabra con un edificio…más todos los sentimientos relacionados! Para la mayoría de la gente, los sentimientos no son tan agradables. En que no tenemos otra palabra, necesito remplacer la imagen que tengo en mente o darla un significado nuevo. Iglesia: de ekklesia del greigo; la congregación, la reunión, un grupo de gente reunido por un propósito común. Para nuestros antepasados en la iglesia primitiva, la ekklesia fue siempre una referencia a la gente…no al lugar. Y, fue una gente especial, porque cuando se reunió la ekklesia—la gente—las clases sociales fueron dejadas atrás. El esclavo y el dueño de negocio, el maestro y el soldado, el anciano y el joven todos se encontraron juntos en un nivel común. Entrando esta reunión de la gente de Dios (no importa de la casa en donde se reunieron en cualquier día de la semana) fue un paso a dentro una comunidad de gente en donde los elites sociales pudieron ser sí mismo, donde los rechazados sociales fueron aceptados y pudieron sentarse lado a lado con los “grandes” de la sociedad.
De hecho, cuando podemos cambiar nuestro entendimiento y la imagen de la Iglesia—el grupo de gente que se reúnen con regularidad para oír la lectura de las Escrituras y para entender la voluntad de Dios en sus vidas, allá en esta imagen encontramos la iglesia sencilla. La reunión de la iglesia primitiva tendría muy poco en común con el ‘show’ de sonido y luz que encontramos en los edificios de la iglesia hoy en día. Tendría muy poco en común con los ‘fashion shows’ que pasen en silencio en los pasillos de nuestros lugares de reunión hoy en día. Tendría muy poco en común con el énfasis en la música (y sus tecnologías relacionadas) lo que tenemos hoy en día. En el pasado, hubiéremos encontrado una gente que reconocieron su dependencia común en la gracia y perdón de Dios…una gente que tuvieron hambre por las Escrituras y su aplicación a sus vidas (no tanto interés en la capacidad de locución del lector/predicador)…una gente sentado (o en pie) juntos en un nivel común antes de Dios. Encontraríamos una gente sencilla…encontraríamos la Iglesia
Antes, dije que la frase—iglesia sencilla—es lleno de esperanza. Todavía, estoy buscando esta iglesia, y me siento que estoy llegando más y más cerca. Ha sido momentos en cuando he estado tan, pero tan cerca, aun allá…en las montañas de Georgia, en los pueblos de Venezuela y México. Mantengo la idea de la iglesia sencilla…porque, si existe la idea, la idea puede convertirse en una realidad. Mientras escribo aquí en mi compu, veo que mis actitudes y mis disposiciones, mis logros y mis títulos universitarios, mis auto-percepciones (ambos positivas y negativas) y mis tendencias de juzgar—todos de estos necesito dejar en la puerta, necesito dejar fuera del circulo mientras entrar la reunión de la gente de Dios. Por hacer esto, creo que Dios me ayudará convertirme en lo que busco…una persona sencilla en Su iglesia sencilla.



Friday, October 21, 2011

¿Quieres ser parte de un Movimiento o de una Institución?

Había un tiempo en cuando metodismo fue un movimiento, y en un sentido, en muchas lugares, sigue como movimiento.  Pero, debemos regresar un poquito y discutir lo que significa “movimiento” y la diferencia entre movimientos y instituciones/establecimientos.

Un movimiento es algo que se mueve…y cuando hablamos de movimientos entre los seres humanos, hablamos de grupos con un propósito pero un grupo que tiene la fluidez para adaptarse a las necesidades del momento; hablamos de grupos que tienen un liderazgo flexible y compartido; hablamos de un grupo que funciona bien sin una infraestructura de bloques y concreto…sin paredes.  En la otra mano, una institución sucede cuando las ideologías, las prácticas y propósitos del movimiento son formalizados y cristalizados.  Una institución tiene la tendencia ser más rígida y es más lento en adaptarse a las necesidades del momento; el liderazgo es menos flexible y centrado en pocas personas; la institución demanda infraestructura…de bloques y concreto, un lugar fijo.  El enfoque del movimiento es su crecimiento y el esparcimiento de sus enseñanzas y prácticas; el enfoque de la institución es su propia mantenimiento—o, en otras palabras, el movimiento está enfocado afuera, y la institución está enfocado adentro.

Aquí es una traducción de un artículo que encontré en la revista, Fronteras de Misión, Vol.33, no.5.  El artículo se llama, “Por que Metodismo Cesó Ser un Movimiento,” y es escrito por dos amigos míos, Frank Decker y Darrell Whiteman, co-obreros míos en La Sociedad de la Misión:

“La renovación wesleyano estimuló la transformación de una generación, y es bien conocido por su énfasis equilibrado entre el  haciendo práctico de discípulos y un ministerio ardiente entre aquellos en necesidad material.  Sin embargo, hacía el fin del Siglo XIX los metodistas tomaron dos decisiones significados lo que causaron decrecer un énfasis en el anterior (haciendo discípulos).  Fue decidido oficialmente que la membrecía en un grupo pequeño (las reuniones de clases) no sería requerida no más por membrecía en la iglesia.  Esto fue desafortunado porque estaba en las reuniones de clases que pasaron el ánimo y capacitación verdaderamente práctico, lo que Wesley llamó “cuidando uno al otro en amor,” y lo que permitió la transformación en las vidas de los creyentes en una manera que la asistencia únicamente en una reunión más grande del domingo no pudo proveer.  El otro cambio fue un énfasis en educación formal del seminario en vez del énfasis anterior del desarrollo de liderazgo por un proceso sencillo.  En el principio del metodismo, alguien pudo subir del nivel de miembro de la clase hasta el nivel de predicador itinerante, pero el énfasis subsecuente en una educación más formal resultó en una “profesionalización” del ministerio.  Muchas iglesias hoy en día han adoptado estos dos aspectos del ministerio para su detrimento.  Según Mark Nysewander en No Más Espectadores, estos dos “cambios de política” son lo que causó la cesación de ser movimiento el metodismo hace un siglo.   No obstante, el ejemplo de los primeros metodistas queda como un patrón excelente por una misión holística hoy en día” (mi traducción).

Muchas veces pasa en la plantación de la iglesia hoy en día.  Nosotros, como humanos, tenemos prisa en “establecer” una iglesia….  Corremos a través el tiempo importantísimo del movimiento.  Y cuando tenemos esa prisa, perdimos algo sin precio, algo clave en el desarrollo de la Iglesia.  En verdad, hay un movimiento (no institución!) ahora que se llama “La Iglesia Sencilla”…un movimiento lo que está tratando re-capturar la vida, la falta de estructura, la fluidez, el liderazgo compartido de la Iglesia primordial, del Metodismo en el Siglo XIX.  En efecto, este movimiento (por casualidad, sin etiqueta de denominación!) está buscando y recuperando algo fluido, algo viviente, algo lleno de entusiasmo, algo de compañerismo y de poder/liderazgo compartido, dejando atrás las practicas y elementos institucionales más rígidos, auto-enfocados, preocupados más en si mismo que en la misión de Dios.

Lo que aprendemos en un gran repaso de la historia de la Iglesia es que nada…nada…NADA puede robar la Iglesia de nuestro Señor de su vida y poder.  A pesar de nuestras mejores intenciones como humanos en la formación de instituciones, Dios puede avanzar Su causa…Su propósito…Su Reino.  Siempre Dios llama a las personas que tienen un corazón por Él.  Siempre Dios llama su gente ser fiel y apasionada por Él y por Su propósito.  En la misma manera en que Dios llamó a Juan Wesley, un sacerdote de la Iglesia Anglicana, para llamar Su gente a una fe viviente, a una práctica nueva, a la formación de un movimiento…en la misma manera, Dios puede llamar a alguien entre Su gente ‘atrapada’ en una institución para salir, para llamar la gente de Dios a re-comprometerse al propósito de Dios, a la misión de Dios…para caminar en el camino del Señor…para formar un movimiento nuevo.

Oro que la Iglesia de Dios sería siempre renovada, replantada, resucitada…generación tras generación.

Saturday, March 26, 2011

Más que Seguridad Eterna…

Es muy interesante lo que encuentro en unos grupos o movimientos--un enfoque casi únicamente en "la salvación" y "la seguridad eterna" del creyente. Con mucho razón, hablan Cristianos sobre la seguridad eterna. Claro, es un fundamento de nuestra doctrina cristiana. Juan 3:16-17 habla bien sobre la "vida eterna"...y Romanos 8:38-39 declara que nada ni nadie puede separarnos del amor de Dios en Cristo Jesús. La seguridad del creyente, sí, es muy, pero muy, importante. Pero no es todo.

Reconocemos que la vida eterna comienza en el momento que recibimos a Cristo, cuando decidimos a seguir a Cristo como Su discípulo, en el instante que experimentamos el renacimiento. En éste mismo momento, comenzamos vivir la vida eterna. Sí, es cierto que nuestros cuerpos van a morir y pasar...pero el parte de nosotros lo que es "yo", mi persona, mi personalidad--unos dicen "el alma" y otros "el espíritu"--éste parte de nuestro ser perdurará para siempre con Dios. Según de nuestro entendimiento, existiremos en una forma distinta, en una forma corporal...pero más que eso, no somos ciertos.

Entonces, sí vamos a vivir para siempre con nuestro Dios...y podemos tener y confiar en "la seguridad eterna"...pero, ¿no hay más a la vida Cristiana que obtener éste regalo de Dios, éste don por la gracia de Dios? Creo que hay mucho más, especialmente si la vida eterna ya comenzó. Vivimos todavía en el mundo. Tengo que trabajar y comer y vivir. No, estoy convencido que tenemos que pensar en el hoy en día...porque el "hoy en día" también es parte de la eternidad nuestra.

Sí, claro, parte del hoy en día es compartir las buenas noticas del amor de Dios, proclamar la gracia de Dios que nos da la vida y seguridad eterna. Sin embargo, hay las tareas de vivir en el día tras día. ¿No hay más a la vida Cristiana que evangelización? Parece un propósito un poquito superficial a mí. Creo yo que hay mucho más--tenemos que vivir bien. Tenemos que ser ejemplos y modelos de cómo vivir bien en este mundo y vida formado por Dios. Encontramos vistazos de esta vida en pasajes como I Tesalonicenses 4:11-12: "...que tengan por su ambición el llevar una vida tranquila, y se ocupen en sus propios asuntos y trabajen con sus manos, tal como les hemos mandado; a fin de que se conduzcan honradamente para con los de afuera, y no tengan necesidad de nada" (NBLA). El librito de Santiago también nos exhorta vivir en sencillez, vivir bien.

Obviamente, para los padres de la Iglesia, los apóstoles, la vida si misma fue una proclamación de la vida Cristiana, de la gracia de Dios. Como vivimos, nuestras ambiciones, los sueños nuestros, nuestro trabajo, como interactuamos con los vecinos y compañeros de trabajo y escuela--en todas estas cosas, proclamamos el evangelio. Pablo escribe en Efesios 2:8-10: "Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas" (NBLA) (la cursiva es mía).

¿Eres salvado? Qué bueno! ¿Tienes la seguridad eterna? Chévere! ¿Eres Cristiano? Fantástico. Y ahora sabemos que es nuestra tarea, nuestra quehacer: mostrar y proclamar la fe, regocijar en la gracia de Dios...todo por medio de nuestras vidas cotidianas, nuestras acciones visibles, nuestras buenas obras. San Francisco dijo, "Predica siempre, y so lo necesitas, utiliza palabras." Sabemos ya que una acción habla más que mil palabras.

Estoy agradecido más que palabras por la vida eterna que recibí, por la seguridad que tengo en Cristo Jesús. En que no puedo expresarlo bastante bien con palabras, quizás puedo responder y dar gracias a Dios por medio de una vida bien vivida.

Sunday, March 13, 2011

La Importancia de los Sacramentos

Hoy en día, algunas iglesias evitan la ministración de los sacramentos u ordenanzas –entendiendo por ello la celebración/práctica, de por lo menos, el bautismo y la cena del Señor-. Mi propósito aquí no es discutir la diferencia entre ‘sacramento’ y ‘ordenanza’, sino más bien hacer un repaso para comprender su relevancia.

La Iglesia Católica Romana reconoce siete sacramentos y su importancia es conocida por toda su membrecía. En la Iglesia Protestante o Evangélica, los dos mencionados anteriormente son practicados/observados por la mayoría, pero con significados o importancia variados.  En las Iglesias más tradicionales (Anglicana, Episcopal, Luterana, Presbiteriana, Metodista), la práctica y observancia de los sacramentos se da con más regularidad o frecuencia —muchas de estas iglesias celebran la Cena del Señor o la Santa Comunión el primer domingo de cada mes, o más frecuentemente, y el bautismo cuando es posible— y en la mayoría de estas tradiciones, suscribiendo al entendimiento del “bautismo de pacto”.  Otras Iglesias, más en la línea de las separatistas (Bautista, Menonita) o en la corriente de los grupos disidentes (Asambleas de Dios, Nazarenos, independientes, etcétera) celebran u observan las ordenanzas con menos regularidad—la Cena del Señor una vez por cuarto del año, el bautismo un poco más frecuente si es necesario, siguiendo ellos más al entendimiento del “bautismo de creyentes”.

¿Por qué es importante que practiquemos los sacramentos/ordenanzas?
Primeramente, debemos entender el significado de “sacramento”.  Los sacramentos son expresiones externas y visibles de realidades internas y espirituales.  Éstos son elementos tangibles de la gracia misteriosa, intangible de Dios.  Con este entendimiento general en mente, podemos seguir adelante.

El bautismo
Después de la Reforma en el Siglo XVI, había una fragmentación o división en el entendimiento del bautismo.  Anteriormente, la Iglesia occidental creía que el bautismo erradica tanto el pecado original como los pecados veniales… infunde gracia santificadora. Básicamente, antes de la Reforma, la Iglesia aceptó el bautismo como algo necesario para la salvación. Los Reformadores, en su deseo de regresar a una fe y práctica “Bíblica,” no pudieron encontrar suficiente evidencia apoyando ésta perspectiva en la Biblia.  Por lo menos, Jesucristo prometió al ladrón en la cruz: - “hoy estarás conmigo en el Paraíso…”-  y esto ¡sin su bautismo!  Entonces, de una vez para siempre, se borró la idea de que el bautismo funciona en una manera salvífica.  En vez de ello, actualmente, consideramos que el bautismo es un acto que los cristianos llevan a cabo como una señal externa y visible de un cambio interno y espiritual.

Actualmente, algunas tradiciones reconocen que el bautismo continua el pacto hecho a Abraham y su simiente (Gen.17:7) y remplaza la circuncisión (Hch 2:39; Ro 4:13-18; Gá 3:13-18; Col 2:11-12).  Por eso se practica el bautismo de niños, adolescentes y adultos de todas edades.  Pues reconocen que en el bautismo, Dios está obrando en nosotros sin tomar en cuenta la edad de la persona.  Esta perspectiva bautismal se llama “bautismo de pacto.”  La manera o forma de bautismo puede ser aspersión, rociamiento/derramación o inmersión.  La forma o manera no importa tanto, lo relevante es la gracia de Dios obrando en nosotros por medio del sacramento.

Por su parte, otros grupos practican lo que se llama “bautismo de creyente,” y ellos solo bautizan a quienes profesan a Cristo como salvador. Claro, hay mucha evidencia de esta práctica en el Nuevo Testamento en que todos de los creyentes nuevos eran adultos. Es solamente en la segunda generación que encontramos padres judíos, creyentes, con una expectativa de ‘algo’ para sus niños. Y, ya tenemos esta tensión entre cristianos. Pero, debemos recordar que el bautismo no es salvífico; sino poderosamente simbólico.

La Santa Comunión - La Cena del Señor
También, durante la Reforma surgieron cuestiones acerca de la Comunión/Cena del Señor—su significado y su práctica. Antes de la Reforma, la Iglesia Occidental creía que algo casi mágico pasaba en la Cena del Señor… que había una transformación de los elementos en sí mismos por la bendición del sacerdote.  En efecto, ellos creyeron que el pan y la copa se transformaban, convirtiéndose en Cristo mismo—el pan en Su carne y la copa (el vino) en Su sangre.  Entonces, al recibir el pan y la copa significaba comer y tomar literalmente el cuerpo y la sangre de Cristo.

Cuando los Reformadores no pudieron encontrar evidencia de esta transformación (“transubstanciación”) en las Escrituras, rechazaron ésta interpretación.  Muchos cristianos, hoy en día, creen que la Cena del Señor es una conmemoración de la muerte de Cristo, que imparte la gracia de Dios. La Cena brinda alimento espiritual y lo trae a uno más cerca de la presencia de Cristo.  En mi propia tradición, practicamos lo que se llama “comunión abierta”… y esto al máximo!  Creemos que cualquier persona que quiere recibir la Comunión, la Cena, puede acercarse a la mesa, que la mesa pertenece a Cristo y no a la Iglesia (o la iglesia).  Aun el predicador y evangelista John Wesley comentó y relató sobre personas que vinieron a la mesa y por recibir la Cena llegaron a Cristo por fe.  En otras palabras, Dios utilizó la Comunión como medida de gracia para tocar las vidas de la gente.

La forma de administrarlo es variada—unas comuniones reparten panecitos/galletas saladas y vasitos/copitas de jugo de uva; otras comparten un pan común y copa común; en algunos escenarios, la gente se queda en sus lugares y los elementos son repartidos por servidores, en otros, la gente se acercan al altar para recibir los elementos de los servidores.  Cada familia de fe decide la forma mejor para su situación. Aunque hay mucha tradición involucrada, ésta realmente surgió por una cuestión de conveniencia.

La Importancia
Pero queda todavía la pregunta del principio: ¿por qué es importante?  ¿Por qué debemos practicar los sacramentos/las ordenanzas en la Iglesia?

Primeramente, la práctica de estos actos (los dos, por lo menos) es algo que ha sido parte de la vida de la gente cristiana desde el principio de la Iglesia.  Jesucristo nuestro Salvador, nuestro Maestro, nuestro Ejemplo nos dio y nos encomendó el Bautismo y la Cena.  Reconocer y practicar estos actos o prácticas simplemente es algo que los cristianos hacen.  Punto.

Segundo, los sacramentos/las ordenanzas y sus prácticas son elementos muy, pero muy educativos.  Por medio de estos actos, enseñamos los principios ‘básicos’ de la fe.  ¿Quién puede administrar el bautismo sin explicar los significados que encontramos en el Nuevo Testamento—limpieza, renacimiento, nueva creación?  Y ¿quién puede administrar la Cena del Señor—la Comunión—sin recordar esa noche cuando nuestro Señor partió pan con sus discípulos, sin explicar lo que hizo Jesús, el hijo de Dios, en la cruz por nosotros — tu y yo.  Hay un dicho, “la repetición es la madre del aprendizaje”. La repetición de estos actos santos es una manera de educar a nuestra gente, al pueblo de Dios; es una forma de recordar la vida, la crucifixión y aun el mensaje del evangelio de nuestro Señor.

Finalmente, en el ámbito de la educación reconocemos que no todos aprenden en la misma manera.  Algunos son aprendedores auditivos, otros visuales, y otros quinestésicos.  Así, la predicación sirve bien para los “oyentes".  Hoy en día, el PowerPoint ayuda mucho a los “visuales.”  ¿Y los quinestésicos?  Los quinestésicos aprenden por hacer con sus propias manos, por tocar y sentir.  Los sacramentos, las ordenanzas son momentos demasiados especiales para ellos.  Cuando no los practicamos con frecuencia estamos privándoles a un segmento de nuestra congregación de esta expresión y experiencia de la gracia de Dios. Sin perder de vista que el cumplimiento de dichas ordenanzas da unidad e identidad a las comunidades en Cristo, dándole a los miembros ese sentido de pertenencia a la Iglesia de Dios.

Por tanto, les animo a celebrar estos santos actos cristianos, tan importantes…porque al hacerlo, la Iglesia reclama su lugar como conducto de la gracia de Dios.  Amén.


(revisión 07/2017)

Thursday, March 10, 2011

Algo Nuevo...

En este blog, mi meta es presentar ideas y opciones para predicadores y pastores.  Mi gran meta es establecer un intercambio de ideas y iluminaciones sobre pasajes de las Escrituras que ayuden a los pastores, seminaristas, maestros, etcétera en la preparación de sus sermones y enseñanzas.  Cada semana, mi meta es poner aquí unas ideas para poner a pensar.

Debes saber del principio que mi cosmovisión es Bíblica, mi teología es Wesleyana, y mi manera es sencilla.  No creo que hay preguntas tontas y responderé a cualquier pregunta levantado.

Pienso yo que estamos en una aventura de fe, que el arte y acto de predicación debe ser divertido, y que debemos siempre dejar la gente con buenas noticias, con esperanza.  Si tu meta no es edificar ni animar el cuerpo de Cristo, debes buscar sermones y ideas para sermones en otro lugar.

Qué Dios les bendiga en tu deseo seguir nuestro Señor!

Jon