Monday, June 29, 2026

Una carta a los Gálatas: Pablo se enfrenta a la ley

 

Gálatas 3:23-29

Pablo intenta desesperadamente a guiar a estos Galos... o los Gálatas... en la dirección correcta. Algunos se han unido al grupo sugiriendo que pueden hacer algo para hacerse más aceptables ante Dios, más amados por Dios. Pero el evangelio es simple y claro: "Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único..." (Juan 3:16). Dios es quien puede hacer algo por nosotros; Dios es quien nos hace aceptables... y Dios ya nos ama—nos ama “tanto”.

También llegaron divisiones en Gálatas: "Soy judío y tú eres griego (¡o galo!)." "Los hombres tienen el lugar más importante..." "¡Es una esclava—no puede liderar ese grupo pequeño!" Dios anhela ver todas las divisiones desaparecidas. Pablo lo declara: «Ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús.»

Mi niñez — Cuando crecía en el país de Guyana, Sudamérica, vivíamos a las afueras de la capital, Georgetown, en Oleander Gardens. Mis amigos eran Jonathan de Inglaterra, Richard de Barbados, Simone de Holanda, Gavin de Inglaterra, Savate de Guyana (de ascendencia india), y David de Canadá. Estos eran los niños con los que jugaba—estos eran mis mejores amigos:

     

Éramos mayormente chicos, pero Simone y su hermana pequeña, Rosie, solían estar allí con nosotros. Jugábamos a juegos de aventura nacidos de nuestra imaginación. Corríamos juntos, jugábamos juntos, tomábamos té juntos (¡antigua colonia británica!). En días lluviosos, nos juntábamos y jugábamos con los juguetes que había por ahí—normalmente algunos carritos Corgi (¡yo todavía tengo los míos!). Parece que aguantamos el colegio para poder volver a casa a jugar.

Aquí hay otra cosa que recuerdo: nunca nos fijamos ni hablamos de nuestros países de origen, nunca comparamos quién era mejor o peor, ni comentamos el color de nuestra piel—Jonathan era blanco como la leche, Richard era negro como la medianoche, y el resto de nosotros un matiz intermedio. Nunca excluimos a Simone y Rosa porque eran chicas. Nunca tuvimos en cuenta las cosas que pudieron habernos dividido porque nadie nos había enseñado aún a comparar, contrastar, segregar y odiar, todo basándonos en algo sobre lo que ninguno de nosotros tenía control de ninguna manera.

¿Quién tiene el control sobre el color de su piel? ¿Quién elige nacer de una nacionalidad u otra? ¿Qué niño puede elegir si es niño o niña? Nos las entregan. Y de niños, estas cosas nunca nos separan, nunca nos dividen. Aprendemos el sexismo, aprendemos el racismo, aprendemos el nacionalismo de padres u otros adultos que admiramos, de la cultura que nos rodea, pero no nacemos sexistas, racistas ni nacionalistas. Aprendemos estos, y podemos desaprenderlos.

Un vistazo del Reino de los Cielos – En Mateo 18, Jesús enseña a sus discípulos:


[Jesús] llamó a un niño y lo puso en medio de ellos. Entonces dijo:

—Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos. (Mateo 18:2-3)

La niñez—cuando la familia y la cultura aún no han levantado los muros de división y segregación en nuestras vidas.

Pablo repite esta misma idea en su carta a los gálatas. ¿Le has oído?

 Todos ustedes son hijos (niños) de Dios mediante la fe en Cristo Jesús.... (Gál. 3:26)

A lo que Pablo llama a los gálatas, a lo que Jesús nos llama como iglesia, como pueblo de Dios, es vivir de esa manera en la que "no hay judío ni gentil, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús."

Si Pablo escribiera esta carta a la iglesia en Norteamérica hoy, podría continuar:

"... ni republicano ni demócrata, ni rico ni pobre, ni latino ni gringo, ni blanco ni negro, ni metodista ni luterano, ni heterosexual ni gay, ni banquero ni barista, ni yanqui ni sureño, ni joven ni viejo... ni ningunas otras palabras que nos divida, que menosprecie, que nos separe unos de otros... porque todos somos uno en Cristo Jesús".

Somos la Iglesia—la reunión del pueblo de Dios—un vistazo al Reino, al Reino de Dios, un pueblo que es "uno en Cristo Jesús", "hijos de Dios" que viven en unidad de propósito, unidad de misión... Un pueblo—cada uno de nosotros—perdonado por nuestros pecados y recibido con el don de una vida nueva y duradera. Y nada de esto es por nuestros esfuerzos, nada de esto viene de nuestro propio merecido... y todo es nuestro por la gracia amorosa de nuestro asombroso Dios. Abracemos esta segunda niñez que Dios nos ofrece con amor y generosidad y dejemos atrás las divisiones. Seamos este pueblo para un mundo que tanto necesita esto. Seamos esto para nosotros—para que podamos vivir en la libertad que Dios anhele que tengamos.

Domingo, 28 de junio de 2026
Gálatas – Paul se enfrenta la ley
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